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El legado de Pompeyo Davalillo

Nacer en un familia reconocida a nivel mundial si se habla de béisbol, es difícil siendo mujer. Pero definitivamente eso se lleva en la venas, mejor dicho naces con las 216 puntas de la costura que tiene una pelota de béisbol cubierta de cuero que hace efecto de protección en tu corazón, pero que se debilita al momento de escuchar la voz de play ball.

Es así, ver que tienes cientos de primos casi todos varones y que desde pequeña tengas inculcado un deporte tan complejo de ver pero a la vez difícil de entender, en cada jugada, en cada seña, en cada estrategia. Casi nací en una tribuna de un estadio. Ser la madrina de un equipo de béisbol menor y tener que cambiarme rápidamente para ser incluida como jugador más del equipo, donde por una ventana adyacente al estadio estaba una persona que no solo es leyenda hoy en día sino que es tu abuelo el que te está observando para ver si haces la jugada correcta o te robas el home como él lo hizo en las grandes ligas.

Pompeyo Antonio Davalillo Romero que con orgullo puedo decir que es mi abuelo, nació en Churuguara, estado Falcón el 5 de Junio de 1928; incomodaba a los lanzadores por su agilidad en las bases, destacó por su sólida defensiva y fue bateador de contacto y promedio que peleaba cada turno; se formó como un excelente valuarte peloteríl en las filas de la pelota y extendió su fulgurante luz hasta los últimos días de vida. Hay una especie de hombre de béisbol que permanece buena parte del día analizando  y observando las particularidades del juego en busca de encontrar nuevas formas de ganar un desafío, esa era la esencia de Pompeyo Davalillo.

Quien a pesar de yo ser mujer, nunca dejó de enseñarme cada jugada, tips para ver mejor el juego y a pensar rápidamente e ir un paso más adelante que el contrario; siempre quise haber nacido hombre para poder jugar la pelota como mi abuelo me enseñó. Esperar la llegada de mi abuelo a la casa era emocionante, en esa casa se desayunaba, se almorzaba y se cenaba béisbol. No había un segundo o instante que no se sacara el tema de beisbol.

Aunque no nací hombre y no juego béisbol mi abuelo me heredo la pasión por el béisbol, la responsabilidad y la destreza para realizar lo que me proponga. Él con su eléctrica agilidad que a su paso, cual meteoro, deslumbró al público beisbolero en diversos escenarios, nativos como extranjeros, desde que hizo sus primeros pininos descalzo en los terrenos, hasta lucir la velocidad de su “spikes” en el Griffith Stadium de Whashintgton, como el cuarto big-leaguer venezolano.

Con Pompeyo Davalillo era visualizar la vida a través del toque de bola, el bateo y corrido, el squeeze play y el sacar de concentración al contrario como lo hizo en un juego de la final 1991-1992,  cuando lanzaba Royal Clayton por los Tigres de Aragua y Davalillo como manager de las Águilas del Zulia salió a reclamarle al umpire principal que el arete que usaba el pitcher en su oreja molestaba a sus bateadores por el reflejo de las luces. Ese incidente desconcertó a Clayton y por allí se metieron los aguiluchos.

Él siempre decía que modestia aparte él era el mejor, la única manera de poder estar dentro del béisbol siendo mujer fue estudiar periodismo e inclinarme en la parte deportiva. Todos los días mientras luchaba por recuperarse durante esos dos años que estuvo de clínica en clínica, se levantaba y recaía fue decirme que aprendiera inglés que con eso iba a llegar lejos y que sería la mejor. Que no me enfocara en aparecer en televisión que el éxito llegaba solo con esfuerzo, dedicación y responsabilidad.

Pompeyo no solo inculcó béisbol en mi, sino responsabilidad y disciplina, que pasara lo que pasara nunca fallara en mi trabajo, así como él hizo en la final de la liga de verano en 1993-1994 Tucanes de Guayana y Embajadores de Monagas, sufrían tres días de fuerte lluvia y el equipo de Tucanes de quién era estratega mi abuelo practicaba a pesar de la lluvia, compró 6 docenas de pelotas amarillas, para así tener a todo el equipo listo cuando iniciara la final. Terminó ganando la serie Tucanes 4-0 a Embajadores, el manager del otro equipo era Antonio Armas.

Él cumplió el sueño de todo pelotero llegó a las Grandes Ligas con los senadores de Washington, propulsado por sus habilidades defensivas y su agilidad en las bases, sólo una lesión en un tobillo pudo detenerlo y luego se hizo imposible regresar a la gran carpa. Su devenir como pelotero activo tuvo paradas en la Liga Internacional AAA con los Sugar Kings y en varios equipos de la Liga Mexicana de verano.

De no haber sido por este incidente,  se hubiese convertido en la primera pareja de venezolanos, junto a Alejandro Carrasquel, en participar en las mayores. Sin embargo se convirtió en el segundo venezolano en jugar con los Senadores de Washington cuando alcanzó las mayores el 1 de agosto de 1953 a la edad de 22 años. Su carrera duró solo esa temporada, pero ligó para un sólido .293, fue además el segundo campocorto en alcanzar las Grandes Ligas, posición que sería luego conocida como la marca de casa.

Mi abuelo era conocido en las mayores como Yo-Yo Davalillo, ya que para los americanos era muy difícil pronunciar Pompeyo Davalillo y escribían el Davalillo con Y,  entonces pensaron que juntando las últimas letras YO-YO era más práctico y fácil.

A parte de ser un excelente jugador, estratega en fin un hombre de béisbol, fue un padre ejemplar; en donde 4 de sus 9 hijos estuvieron y están involucrados en el béisbol profesional. Actualmente solo dos de ellos siguen en pelota profesional, Marco Davalillo ( Mi papá) quién es manager de los Bravos de Margarita y David Davalillo (mi tío), coach de tercera base de los Leones del Caracas, esa pasión por la pelota no solo la dejó en sus hijos sino en sus nietos, mi hermano Marco Davalillo Jr. pertenece a una organización de béisbol profesional al igual que mi primo Jarvi, y yo fuera del roster pero dentro del béisbol.

Hace a un año de su triste e inesperada partida, existen anécdotas y aprendizajes que recordar. Una de ellas fue con mi papá, en 1986 cuando Pompeyo se convirtió en manager de tribuna, ya que había sido suspendido por un juego en la extinta liga de verano cuando era manager del equipo Cocodrilos de Caracas. Durante el juego se sentó en la parte alta de la tribuna central y en previo acuerdo con su coach de tercera base (su hijo Marco) para que observara las señas de él, además usaba un radio para que se hicieran todos los movimientos para cambiar los lanzadores.

En la casa jamás podía faltar un juego de dominó, de cartas o damas chinas,  puedo recordar cada vez que veo juegos de béisbol por televisión que no le gustaba verlos con volumen, para poder hablar de cada jugada y comentar o narrar el juego.

Hoy se encuentra en el cielo usando las estrategias y habilidades que tuvo en vida, para dirigir a todas esas glorias del béisbol que han fallecido levantando la copa de campeón y número 1 del béisbol convirtiéndose en mi motor para salir adelante con su legado en alto y cumpliéndole la promesa que le hice en hacer mi tésis de grado sobre su vida profesional.

Hoy solo puedo dedicarte esta pequeña nota recordando algunas frases tuya…

“Si volviera a nacer elegiría ser pelotero” Pompeyo Davalillo.

“El que no le guste el béisbol y las mujeres no merece vivir” Pompeyo Davalillo.

Marymar Davalillo
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Foto: Archivo

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