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La montaña rusa del fanatísmo Vinotinto

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Todos nosotros nacimos y crecimos en un país donde el fútbol estuvo siempre condenado  a un segundo o tercer plano, excluido por deportes como el béisbol o hasta el baloncesto, incluso muy pocos eran los que sabían de la existencia de una selección nacional o de una primera división de fútbol profesional, y los que si lo sabían veían como recibíamos goleadas de antología y éramos burlados por nuestros  rivales.

Pero con el pasar de los años eso fue cambiando, el fútbol se hizo más popular y comenzó a tomar protagonísmo, aunque al verse que nuestra selección no conseguía resultados positivos casi nunca, eran muchos los fanáticos que la despreciaban, apoyando a otros países cuando se enfrentaban con nosotros o yendo a los estadios en las eliminatorias con la camisa de Brasil a ver jugar a “la canarinha” y a gritar por sus estrellas, por ejemplo.

Ya recién en las eliminatorias a Corea-Japón 2002, Alemania 2006 y Sudáfrica 2010, se comenzó a ver un cambio abrupto en La Vinotinto, el crecimiento fue indetenible y, aunque no se logró asistir a ninguna de las tres citas, se vio una selección capaz de jugar contra cualquiera, una selección guerrera, con hambre y que solo era cuestión de tiempo para llegar a verla hacer algo importante.

Así llegaron los preparativos rumbo a la Copa América Argentina 2011, luego de quedarnos por muy poco fuera del mundial de Sudáfrica, Farías quiso aprovechar al máximo el año 2010 con un sinfín de amistosos, donde hubo partidos buenos, regulares y malos, donde se probaron montones de jugadores y se viajó por varios sistemas tácticos hasta encontrar el adecuado. Luego de tanto tiempo, al fin llegó el momento de demostrar en suelo argentino que todo el trabajo había sido productivo y que nuestra selección estaba lista para mostrarle al mundo de qué estaba hecha.

 

Al final resultó ser un torneo mágico, donde la Vinotinto mostró un nivel inédito e hizo ilusionar a todo un país, se pasó de dar cada partido por perdido a tener la confianza necesaria para saber que se le podía ganar a cualquiera.

El odio se convirtió en admiración hacia un tal Oswaldo Vizcarrondo y renació la magia de nuestro capitán Juan Arango, además, se logró una reconciliación con Renny Vega, quién demostró por qué es el guardameta número uno de nuestro país.

Tomás Rincón, El Maestrico, Miku, Salomón, Perozo con su gol agónico contra Paraguay y Cichero con el gol del triunfo ante Chile, todos ellos provocaron un torbellino de emociones que cambió el rumbo del fútbol en Venezuela

El fanatísmo hacia la selección nacional nunca estuvo tan vivo, las calles estaban inundadas de camisetas Vinotinto, se veía el tricolor nacional en las ventanas de casi todos los hogares y las incidencias de los partidos eran tema de conversación obligatoria en cualquier sitio. Muy bonito, pero no todo era color de rosa.

 

Muchos de los que hoy aman a la selección, eran los primeros que la insultaban y desacreditaban en los malos tiempos, y, de la noche a la mañana, comenzaron a celebrar exaltadamente los triunfos de la Vinotinto en la Copa América, total, subirse al tren de la victoria es muy fácil.

También es cierto que nuestro nivel futbolístico ha mejorado muchísimo, pero aún estamos muy lejos de ser una verdadera potencia en cuanto a fútbol se refiere, no solo por falta de jugadores estrellas, sino también porque nuestro país no está culturizado todavía en el ámbito del balompié, y no sólo eso, sino que también mucha gente “fanática”, por todo el tema de la explosión de la fiebre del fútbol en nuestro país, opina sin tener idea del tema.

Además que hoy por hoy parece tabú apoyar a clubes como el Real Madrid, el Barcelona, el Milan, el Bayern Münich, o criticar a veces las malas actuaciones de la selección, de algún club nacional o jugador Vinotinto, ya que si lo haces te tachan de “pastelero”, “antinacionalista” o quién sabe que más.

Amigos, el fútbol es internacional y todos son libres de seguir al club que quieran o de ver la liga extranjera que más les  guste, claro, siempre apoyando y respetando al fútbol nacional también. De nada sirve caer en esa ridícula batalla de ver quién es más fanático o nacionalista que  otro, ya que tampoco ir al estadio todos los fines de semana hace un amplio conocedor de fútbol a nadie.

 

El fútbol en nuestro país ha crecido, eso está a la vista de todos, Venezuela tiene la oportunidad de ir al Mundial de Brasil 2014 y la gente está confiada en que se logrará ese objetivo, pero lo mismo piensan los colombianos, ecuatorianos, paraguayos, peruanos y chilenos, así que no será fácil, las eliminatorias son muy largas y cualquier error puede dejarte fuera, aunque obviamente hoy por hoy la Vinotinto está en un lugar privilegiado, no hay que olvidar tampoco que esto apenas empieza y que queda mucho camino por delante.

Lo importante es que, para convertirnos en un país con cultura futbolística, el fanático debe combinar la pasión con el conocimiento, ver fútbol y nutrirse de él para hablar con base y, en caso de que lleguen nuevamente los días grises a nuestro fútbol, los malos resultados y las decepciones, que son inevitables, seguir con el mismo amor y apoyo de ahora, para no hacer de esto una simple montaña rusa de fanatísmo Vinotinto.

Por: Marcos González
Foto: Carlo Dragone
LaVinotinto.com

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