Ambos conjuntos coincidieron en la falta de manejo de las situaciones favorables que se les presentaron: los barineses un gol tempranero fuera de casa y los orientales un empate en esta condición. Así mismo, cuando les tocó colocarse a la par de sus adversarios y revertir marcadores negativos, simplemente se hundieron más y sellaron su eliminación.
Como está más cercana en el tiempo es más impactante la caída del Anzoátegui en su propio estadio. Enfrente tuvo al rival más gris que equipo venezolano alguno ha enfrentado en competiciones internacionales en los últimos años. Alianza Atlético de Perú reflejó en todo momento que es un equipo de segundo orden en su país y con todo y eso el elenco criollo nunca pudo descifrarlo.
El once de Puerto La Cruz reúne más experiencia en sus filas, pero quedó condicionado pronto al recibir un gol en contra. Su defensa tuvo constantes fallas y su ataque produjo poco. Impotencia, propia del que no tiene recursos, fue lo que mostró el cuadro oriental en los pasajes finales del compromiso. Como en la Libertadores, Anzoátegui se quedó en las puertas de avanzar con todo a favor.
Los zamoranos tenían un panorama más cuesta arriba y también dejaron ir toda opción de pasar en pocos instantes. Tras perder en casa en la última jugada del partido, hicieron un primer tiempo notable, anotaron, pero no pudieron dar la estocada final como visitantes. Exceso de tranquilidad, falta de experiencia en este tipo de situaciones, hicieron que se repetiese lo vivido antes por otros equipos.
Suena a solución sencilla pedir que sólo campeón y subcampeón nacional vayan a la Sudamericana. En la próxima edición, el monarca del país podrá asistir y ese argumento será puesto a prueba. No importa tanto el nombre o el logro del equipo que represente a Venezuela, sino su preparación, su propuesta futbolística, su capacidad de enfrentar este tipo de retos.
En los últimos años ha quedado demostrado que, con escasas excepciones, los cuadros criollos no saben encarar series de ida y vuelta en el continente. Ni en la Libertadores, ni en la Sudamericana se ha podido avanzar en las primeras rondas cuando son de dos juegos. Hay menos margen de error que en una fase de grupos, y los elencos venezolanos no parecen preparados para ese tipo de presión.
Esto, pese a que hace un buen tiempo se juega una final nacional con partidos de ida y vuelta en menos de dos semanas. O la Copa Venezuela, que en su tercera edición continúa combinando series de un solo duelo o dos. El escenario internacional es diferente. Y es distinta la época del año en que se disputa la Sudamericana, tiempo en que los equipos están más desarmados que en cualquier otro.
Entonces, queda esperar se den los correctivos de siempre, esos que en estas ocho ediciones de la segunda competición en importancia en Conmebol no han aparecido para evitar los habituales descalabros que ha generado. Mantener la base, prepararse desde temprano, estudiar de cerca al rival extranjero, manejarse bien dentro de la propia serie, se haya ganado, empatado o perdido en el cotejo de ida.